No es un eructo cualquiera, es uno presidencial

Sobre esos malditos gases estomacales que de manera intempestiva y contrarrevolucionaria interrumpieron el discurso de Maduro se ha dicho todo o casi todo, menos un asunto que aquí expongo y titulo como la soledad presidencial explicada por medio del eructo. Dicho de otro modo: el magnánimo eructo desnudó la soledad del presidente. Me explicaré:

1. En cierta ocasión, cuenta la leyenda, una famosa y bella reina del África recibió como invitado a un funcionario mandarín. Le ofrecieron bananas y éste las comió con cáscara. La reina, quizá de manera algo condescendiente, tomó una banana y la peló delicadamente para enseñarle como se ingería esta deliciosa fruta. El chino, atrapado en su propia cretinez, redobló la apuesta, cogió otra, la volvió a comer con su cáscara y masculló: ─ Así saben mejor. El visitante chino, según esta leyenda, fue bastante cretino, pero fue un cretino inteligente. A la primera estupidez le sumo otra, ésta tapó la primera. La repetición anuló la vergüenza, es decir, el aguijón punzante de la primera estupidez. ¿A Maduro le faltó la inteligencia que demostró el chino en África o bien esperó el auxilio de sus amigos?

2. Sin duda esperó el auxilio de sus amigos, pero éstos no estaban. En cierta ocasión un invitado a una elegante cena apenas tomó asiento bebió el agua del cuenco que se utiliza para higienizar los dedos. El anfitrión rápidamente procede a hacer lo mismo. La estupidez original fue puesta a resguardo. Era una exageración haber pedido que los asistentes eructarán al unísono, pero tenían, si lo deseaban, una alternativa eficaz: La máquina de Gloria [La Machine à Glorie es un texto de Auguste Villiers de L`Isle-Adam recopilado en Contes cruels, 1893]. Esta extraordinaria “máquina, inventada por el ingeniero Bathybius Bottom, hace que la propia sala sustituya eficientemente a la claque. La máquina debería haber asegurado un aplauso cálido, pero eficaz; oportuno, pero no condescendiente; en definitiva, debería haber puesto a la mayoría a disposición del momento. Pero no fue así, la “máquina” ese día pareció haber estado desconectada. ¿Es eso posible?

3. El solitario eructo presidencial expuso algo importante: sus compinches pueden diferenciar mentiras de estupideces. Arthur Schopenhauer, en ese fabuloso texto que se titula Dialéctica erística o el arte de tener razón, nos ayuda a ilustrar este hecho en particular. El mentiroso puede ver su propia retórica, el estúpido no. Los compinches de Maduro mienten, él es sólo un necio pillado por un eructo contrarrevolucionario.

Sin embargo, que el presidente esté solo no impide que persista en su necedad. Al fin y al cabo, cada día la realidad me persuade siempre un poco más sobre aquella vieja idea de que los hombres no son ni buenos ni malos, sólo estúpidos.

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