¡Esa vaina de la des-democratización!

En Venezuela antes que un Pueblo hay personas. Los políticos, funcionarios, diplomáticos y periodistas-analistas políticos no deberían de olvidarse que los venezolanos son ciudadanos que están experimentando situaciones extremas de miedo, desesperación, angustia, hambre y desolación. Muchos de estos actores, tratando de parecer inteligentes, afirman proposiciones que no debemos dejar que pasen desapercibidas. Me voy a concentrar en tres asuntos que tenemos la obligación de plantear.

1. El diálogo. Por estos momentos hay políticos, intelectuales e influencers mediáticos que desconocen a Guaidó, pero lo que los diferencia entre sí es el apoyo o la crítica hacia Maduro. Muchos de ellos se identifican con la postura del Gobierno uruguayo. El diálogo siempre es necesario e indispensable, pero esa propuesta podría haber sido efectiva si se hubiera llevado a cabo hace dos años atrás. Dado que el Papa Francisco está a pocos kilómetros de Caracas, este grupo debería pedir enfáticamente que el Papa, saliéndose de protocolo, haga una llamada telefónica y pacte una reunión a la brevedad. Sin embargo, nada de nada. El Papa parece estar feliz entre su joven grey y los defensores de la postura uruguaya parecen estar satisfechos con una estrategia de ganar tiempo a cuenta de un tiempo que ya no existe.

2. Unos piensan que la Madre Rusia es buena, otros afirman a los gritos que el Tío Sam es malo, mientras los chinos observan y meditan. Creo que los políticos, funcionarios y diplomáticos latinoamericanos son conscientes que las decisiones apresuradas pueden generar consecuencias no deseadas, pero también saben que no tomarlas tiene un costo cada vez mayor. Los latinoamericanos vamos a defenestrarlos por las malas y vamos a estar inconformes por aquellas que produzcan una leve mejoría. Todo político lo sabe y más en un año movido electoralmente en la región. Saben que sus decisiones son relevantes para Venezuela, para la región, pero también entre su electorado. Son momentos decisivos, hay muchas opciones, caminos inciertos a seguir. Sin embargo, los dirigentes y diplomáticos latinoamericanos deben tener una idea clara: evitar que las fuerzas armadas venezolanas entren en acción. Eso sería una tragedia para Venezuela y para las personas que allí viven, pero, además, inauguraría una etapa desoladora para la región.

3. Encontrar una salida democrática en Venezuela es una tarea prometeica. Quizá el ensayo de Guaidó falle y Maduro se afirme, una vez más, como un cretino inteligente. Quizá sean horas decisivas con un desenlace impensado por todos. Quizá el apoyo diplomático conseguido sobre la figura de Guaidó comience a desvanecerse, quizá los países quieran hacer valer su empeño diplomático. Es difícil saberlo. Lo que sí sabemos ahora, pero también antes, es que la salida democrática requiere recursos para reconstruir un país arrasado por las malas decisiones gubernamentales. Esa es la pieza que falta y lo que permitiría a muchos ciudadanos venezolanos observar una tenue luz al final de horrendo túnel. Una política multilateral de reconstrucción para Venezuela es la pieza clave no sólo para pensar una salida democrática, es clave para generar incentivos dentro y fuera de Venezuela.

La Venezuela contemporánea nos ha enseñado que la des-democratización trabaja de manera lenta pero incansable, también va a ser un atípico caso de re-democratización.

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