Contabilizando los daños colaterales

Parece ser que no hay nadie que le haga entender al presidente Macri que no debe buscar la reelección. La suerte ya está echada. Su discurso en el Congreso Nacional reforzó su aspiración. En cierta medida le hablo a todos, pero le susurro a sus seguidores, a sus votantes. De igual forma, la reacción de la oposición se dirigió a los suyos. Es el juego de la democracia. Pero el asunto aquí no es que la oposición, criticando al oficialismo como es de esperar, se dirija vehementemente a sus votantes, sino que el presidente se encuentre impedido se susurrar a los ciudadanos. Los problemas que enfrenta la economía argentina son tan gigantescos que Macri decidió minimizar los daños colaterales. Si fuera por él y por sus asesores, como ya lo he anotado en otro lugar, calladito se vería mejor. El lema parece haber sido: “perdido por perdido le hablamos a los nuestros”. Por esa razón cuando el trabajador le solicita una rendición de cuentas por lo hecho, el presidente lo abrazó, pensando que el abrazo sustituye a las palabras. Las emociones funcionan cuando las palabras sobran, pero cuando mandan las palabras las emociones son un obstáculo comunicacional. El presidente no logra entender este asunto. Aun así, le reconozco que es tozudo.

La evidencia empírica muestra que los presidentes tienen una probabilidad muy alta de reelegirse, quizá Macri está contento con demostrar lo contrario. Si no fuera porque muchos conciudadanos la están pasando muy mal hasta resultaría cómico observar cómo un presidente está convencido que los malos resultados son el resultado de buenas decisiones. Pero la realidad del país no es una caricatura. Ver al presidente aferrarse al poder sería, si no fuera porque muchos más la pasaremos mal durante este año y en el próximo, hasta una anécdota útil para ilustrar a nuestros nietos sobre como un mal gobierno se piensa bueno. El presidente tiene que hablar, aunque desee callar. Pero tiene que callar para poder aguantar. En este juego me temo que va a surgir un humor social difícil de analizar.

Hay algo que las encuestadoras no están midiendo y es lo siguiente: todos sabemos que hay un porcentaje de electores que no están ni con el gobierno ni con la principal opositora. Y también sabemos que ambos bandos tienen que pescar allí. Lo que nadie está advirtiendo es que ese público no sólo debe ser seducido, sino que además hay que evitar que la campaña electoral no lo termine enojando más de lo que está. Ninguna persona candidata desea para este año que ese público termine fastidiándose más de lo que ya está. El tamaño de ese público no es un dato independiente a cómo se lleve a cabo la campaña, por el contrario, su tamaño dependerá de la dinámica preelectoral. Y en ese sentido todos los candidatos tienen un problema, hay que hablar, sí, pero con palabras adecuadas. Pero lo que solemos llamar palabras “adecuadas” suelen ser o vacías o fastidiosas. En este sentido todos tienen altas posibilidades de hacer enojar a esos públicos, generando así un humor social impredecible. Por tanto, los que crean tener la vaca atada se equivocan, no es la primera vez que el banquito está al lado de la vaca, pero alguien se olvidó de manearla.

Así como existen muy pocas probabilidades que Macri sea reelecto, hay, quizá, una baja probabilidad que los peronismos (múltiples y antagónicos) pierdan la elección presidencial y esa posibilidad nos remite a la misma cuestión de por qué razón el presidente Macri busca su reelección: hay un momento en la vida de las personas en donde tenemos más ambición que alma, porque considermos a nuestra alma como la buena.

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