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En el prólogo Assen Kokalov sostiene:

“Dentro de este contexto de inestabilidad universal, el escritor indaga en varias de las características primordiales del ser humano para cuestionar las bases de algunos de los pilares más significativos de la sociedad occidental, tales como la democracia, la pluralidad y la responsabilidad individual. […..]

Desde un inicio de este itinerario, el autor se centra en la estupidez humana, una potencia impresionante y totalizadora difícil de controlar. [….]

Es impresionante el modo en que a lo largo de sus indagaciones literarias, el autor alcanza a manifestar las directas consecuencias políticas de la estupidez y de la incoherencia discursiva que a menudo rigen a nivel local y global, apuntando con particularidad hacia los peligros de la burocracia y de la corrupción que, como Hidras posmodernas, amenazan con sus varias cabezas los perennemente celebrados éxitos de la civilización occidental, tales como el progreso y la democracia.”

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Sobre Dos días imperfectos Ana Abregú en Metaliteratura afirma:

“Dante Avaro ha montado este artefacto en apariencia convencional de ensayo, para dar cuenta de una realidad que ya no parece poder ser explicada en término de verdad, sino establece un sistema de pistas, de sucesos, velando respuestas que se parecen más a una demanda, una señal, un pedido de auxilio, que una reflexión. […]
La realidad política en Argentina se pliega en argumento reflejos, en duplicados, que determinan una interpretación y la opuesta también. [….]
Dante Avaro expone el asedio de la política como un mecanismo que intenta la prescripción de la verdad, para dar espacio a la estrategia, en cualquier caso, la palabra como arma de defensa y ataque con la apariencia de operatividad social.”