HAMBREAR A LA BESTIA, ALIMENTAR A LOS CIUDADANOS

El mundo que enfrentaremos en los próximos años ya no sólo pondrá a prueba a la democracia, y más específicamente a las democracias consolidadas, sino, como suele decirse, pondrá a prueba a la humanidad para ver de qué madera está hecha. Y de alguna manera como tendremos la oportunidad de demostrar, una vez más, de qué estamos hechos, es que la democracia se convertirá o bien en fuente de creación de problemas que buscan solución, o bien en obstáculos que nos atascan con y en el pasado. Y no me refiero a los angustiantes problemas que enfrentamos sobre el cambio climático o el agotamiento y aniquilación de nuestro hogar (la Tierra), tampoco a los peligros de una nueva carrera armamentista, ni a los efectos del creciente dominio comercial-económico y político de una potencia no democrática (China) en el concierto de las sociedades democrática, tampoco me refiero a los campos de refugiados que se incrementaron notablemente en estos años, tampoco me refiero a las migraciones que prevemos serán masivas y no sólo de humanos, sino de gran parte del reino animal y vegetal, si es que deseamos preservar algunas de las fuentes para la seguridad alimentaria, no me enfoco en la carrera desenfrenada por la obtención de energías requeridas para eficientizar la posesión y control del espacio exterior y mucho menos poso el lente sobre nuestra transición lenta pero persistente hacia una comunidad de cyborgs, entre muchos otros asuntos que nos dejan sin aliento, aunque estupor sería la palabra adecuada para los dignos hijos de Epimeteo. Por el contrario, frente a estas preocupaciones mi tema de análisis aquí parece menor y ciertamente, si bien no pasa desapercibido al estar camuflado entre otros debates, no ha calado como se requiere en las charlas y agendas públicas (especialmente fuera de la Unión Europea). El tema que me ocupa se puede formular mediante una pregunta: ¿de qué forma la democracia, como régimen de gobierno, enfrentará la tendencia creciente y aparentemente irreversible de liberación de tiempo individual y colectivo de trabajo? Esta no es una pregunta sobre política económica, tampoco sobre economía política, es ante todo pura y genuinamente un asunto político. ¿Políticamente tenemos el deber y la obligación de intervenir sobre el consumo del tiempo (que nos sobra)? ¿La democracia usará ese tiempo extra o será consumida por él?

Extracto tomado del Capítulo 1 de Hambrear a la bestia, alimentar a los ciudadanos. Reflexiones en torno a los Ingresos Básicos y la democracia (Buenos Aires, Editorial Biblos, en prensa)


 

Trazabilidad ciudadana (1)

Curioso… el Estado argentino, ineficiente en muchos aspectos, posee, sin embargo, la capacidad de vigilar a todos sus habitantes en forma precisa y completa, gracias a que la identidad se acredita siempre con el mismo número: el del DNI.

Trazabilidad ciudadana (2) 

Gracias a dinero del exterior, primero con Ménem y luego con Cristina Fernández de Kirchner, se crearon dos sistemas de vigilancia cibernética y biométrica. Ese es el puntapié de una investigación que terminó publicándose en la Revista Mexicana de Ciencias Sociales y Política bajo el título: “Trazabilidad ciudadana y democracia: una aproximación desde la experiencia argentina”.

Trazabilidad ciudadana (3)

En las próximas elecciones, y sucesivamente, los datos lo serán todo. Los debates de la opinión pública se dirimen en redes sociales, y la inteligencia artificial permite, con la información que el Estado acopia, diseñar mensajes a medida de cada elector.

Inteligencia Artificial y geopolítica (1)

USA y China pelean por el control de la IA. No es sólo una cuestión comercial, sino también de modelos y estrategia política. China apoya a Venezuela y le provee tecnología para vigilar a los ciudadanos; USA intenta detener a miembro de Huawei por realizar espionaje a través de sus celulares.

 


Inteligencia Artificial y geopolítica (2)

El modelo económico Chino se estructura sobre la base de una organización política autoritaria, pero su comunicación omite ese dato. En la medida en que las democracias consolidadas no prosperen, China será, cada vez más, un ejemplo a seguir.


 

Inteligencia Artificial y geopolítica (3)

Mientras la democracia occidental cruje, la economía china es eficiente y gana mercados. Además, desarrolla infraestructura clave para el capitalismo actual. Su nave insignia es Huawei, cuyo principal proveedor es ZTE, empresa netamente estatal.

La nueva economía y el mundo que viene (1)

La relación entre trabajo y ocio se vuelve compleja. Dadas las plataformas digitales, el flujo de datos, y la disponibilidad de tiempo extra, en este siglo trabajar y descansar no son antónimos.

La nueva economía y el mundo que viene (2)

En la economía del conocimiento, se elimina la noción estática de “puesto de trabajo”. La producción de valor es un flujo, producto de tareas ligadas con la innovación, la creatividad, y la permanente capacitación. El rol del Estado es una de las discusiones indispensables.

La nueva economía y el mundo que viene (3)

La verdadera revolución en la forma de gobernar a partir de los datos, no es exhibir la información pública, ni hacer trámites on line; se trata de utilizar el conocimiento de los millones de ciudadanos para resolver problemas en forma eficiente.